Iemand die verdwenen is KAN gewoon niet een speciale behandeling
krijgen; want een 'verdwenen' persoon heeft geen identiteit, hij is
niet levend of dood maar 'verdwenen'.

" Jorge Videla, Ex dictator "
Argentinië '76-'82'

 

 Op de kantoren van het ministerie van Agricultuur wist men niets
van de repressie (...) Vanaf 1984 wist men van de excessen (...) In
alle jaren daarna heb ik deel genomen aan het democratische systeem in
mijn land zonder verwijten te krijgen over mijn uitgeoefende
technische werk (...) In het kort, ik werkte in goed vertrouwen. Ik
nam een levensgevaarlijk risico, samen met mijn gezin, door deel te
nemen aan een specifiek werk in de sector agricultuur. Mijn werk had
geen enkele verband met de repressie.""

  Jorge Zorreguieta,

  Ex Secretario de Agricultura de Videla

  I.

  El día de la boda real, la orquesta tocaba "Adiós, Nonino" de

Piazzolla, mientras Máxima lagrimeaba, emocionada. Ella misma había

elegido ese tema por ser el preferido de su padre, que no había podido

estar presente por su vínculo con la dictadura militar. En 1976

Zorreguieta ocupó la Secretaría de Agricultura, que tenía a su cargo

el organismo estatal donde trabajaba Marta Sierra hasta el día de su

"desaparición". Así que cuando los hijos de Marta vieron por

televisión las lágrimas de Máxima no pudieron dejar de pensar en su

madre, aunque ni siquiera saben cual era su canción favorita...

  Marta Sierra fue secuestrada en su casa el 30 de marzo de 1976, a

menos de una semana de producido el golpe militar en Argentina. Tenía

36 años, estaba casada y tenía dos hijos (uno de los cuales, recién

nacido, dormía junto a ella cuando la despertó el "grupo de tareas").

Nunca volvió a saberse de ella, y se presume que corrió el mismo

destino que los miles de desaparecidos. En aquel momento poco podía

hacerse ante la Justicia, mas que presentar unos inútiles "hábeas

corpus" poniendo en riesgo la propia vida. Hoy solo ha cambiado el

riesgo, y la Justicia sigue sin dar respuestas. Pese a todo

–movilizados por la derogación de leyes que protegían a los

implicados- sus hijos decidieron proseguir en los Tribunales la

desigual batalla iniciada por su abuela (la madre de Marta) hace

treinta años. Mas por una sensación íntima de deber ético que por la

esperanza de encontrar –por fin- una respuesta. Y como creen que esa

conciencia moral debería ser compartida por todo el mundo, la han

 vuelto a la consideración pública (que la desaparición –como todas en

aquel momento- no tuvieron...)

  Por supuesto, saben que la atención pública concitada sobre el caso

de su madre se debe a que entre los mencionados como funcionarios del

área de Agricultura (bajo cuya órbita se encontraba el INTA –Instituto

Nacional de Tecnología Agropecuaria-, donde ella trabajaba) está Jorge

Zorreguieta, padre de la princesa de Holanda. Y no es –como

maliciosamente se ha dicho- que se lo haya mencionado por esa

circunstancia, sino a pesar de ella... (¿o es que no deberían

mencionarlo –entre tantos otros- solo por su vínculo con la corona?).

Los hijos de Marta no están interesados en su relación con la familia

real, sino en su actuación pública bajo el "gobierno militar" de

Videla. Y no en la suya particularmente, sino en la de todos aquellos

que tuvieron cargos de responsabilidad durante aquella dictadura, la

mas sanguinaria de la Historia Argentina.

  Porque tampoco el caso de Marta Sierra es único: ella también

representa a muchos otros (que acaso no tienen quien hable por ellos).

Y si llevan "su" caso a la Justicia es solo para aportar una pieza al

rompecabezas (esperando que muchos hagan lo mismo), y así contribuir

en el largo proceso de indagar en la memoria colectiva buscando

respuestas ("¿Qué pasó?, ¿Cómo ha podido suceder?", como preguntaba

Hanna Arendt en relación al exterminio nazi). Un poco de todo esto es

de lo que habla esta carta: no porque necesiten otra justificación que

la Justicia misma, sino para explicar –a quien todavía no lo entienda-

porque siguen pidiendo Justicia (aunque en un país como Argentina eso

parezca una irrealizable utopía...)

  II.

  Este largo proceso que han atravesado hasta llegar a esta instancia

(cuyo relato excedería largamente estas pocas líneas, porque debería

ser una historia de los últimos treinta años), no se mide por los

tiempos de un compromiso "real", sino por un real compromiso con la

Verdad, mas allá del tiempo: cumplir el irrenunciable mandato ético de

buscar la Justicia. En países con una tradición democrática sólida,

donde las instituciones funcionan respetablemente, ese mandato se

cumple sin que nadie se rasgue las vestiduras o piense que hay que

"perdonar" a los padres para que su culpa no caiga sobre sus hijos

(los hijos no heredan las culpas de su padres, pero pueden –por caso-

reivindicarlos: haciendo escuchar en una ceremonia publica su canción

favorita, o pidiendo justicia en su nombre. Cada uno hace lo que

puede...) Por otra parte, no son los hijos de Marta los que han

arrojado la primera piedra: si la persona de Zorreguieta se ha

convertido en un inevitable punto de referencia al

 hablar del rol de los funcionarios civiles en el régimen militar, es

precisamente gracias al Informe pedido por el parlamento de Holanda.

Ese extenso Informe (que él mismo ha calificado como "imparcial")

concluye sobre su actuación bajo la dictadura: "Es impensable que no

supiera nada sobre la práctica de la represión y la situación de los

derechos humanos".

  En su descargo público, Zorreguieta dijo: "Los hechos históricos

mirados después de veinte años no tienen la misma fisonomía que cuando

se vivieron". Efectivamente, el paso del tiempo nos da la posibilidad

de apreciar de un modo mas justo la actuación de los hombres (sobre

todo si son públicos). Mas aun cuando esa actuación tiene lugar en

tiempos de oscuridad, y la vida de miles de ciudadanos está en juego:

hay que optar entre estar del lado de las víctimas o junto a los

victimarios. Los eminentes funcionarios de la dictadura optaron, al

aceptar, sostener y reivindicar su desempeño bajo el "gobierno

militar".

  En Argentina, en estos veinte años de democracia, cada vez que se ha

hablado del periodo dictatorial abierto en 1976 se ha hecho hincapié

en su brazo ejecutor (las Fuerzas Armadas), dejando en sombras a los

distintos sectores que apoyaron al régimen, a través de la complicidad

abierta o del silencio cómplice. Hubo –en esa compleja gama de grises-

participes directos e indirectos: hubo quienes actuaron por acción y

quienes lo hicieron por omisión. Lo que nunca hubo es una revisión a

fondo sobre la responsabilidad civil en los crímenes de la dictadura

militar. No solo en cuanto a la connivencia de distintos sectores de

la sociedad civil con el régimen, sino en su misma íntima relación con

los poderes del Estado: los funcionarios civiles tuvieron una obvia

responsabilidad –ética, como mínimo- al haber formado parte de una

dictadura, cuyas políticas ayudaron a diseñar (aun cuando en nuestro

país no hayan sido "condenados" por ello, sino –antes bien-

recompensados con alguna cuota de

 poder).

  Jorge Zorreguieta fue nombrado en su cargo de la Secretaria de

Agricultura en abril de 1976, unos días después del secuestro de Marta

Sierra. Esos pocos días le bastan para alegar que no tenía por que

actuar en relación a ese hecho: Pero el secuestro –como todo el mundo

sabe, ya que se ha vuelto tan presente en estos días como "ignorado"

era entonces- no es un hecho puntual, producido y finalizado en el

mismo momento de ocurrido, sino una acción que se prolonga en el

tiempo. El secuestro de Marta Sierra se prolongó durante todo el

tiempo en que Zorreguieta estuvo en su función, prosiguió durante toda

la dictadura, y también bajo los gobiernos "democráticos" que se

sucedieron, sin que hasta hoy hayamos sabido cual fue su destino.

  Zorreguieta dijo sobre el caso de la trabajadora del INTA: "En

ningún momento me enteré; al contrario, para mí, todo esto es una

novedad". Sin embargo, en el caso de Marta Sierra -como en la mayoría

de los casos que fueron denunciados-, se realizaron desde el primer

momento todas las gestiones que se podían hacer –en el contexto del

terror instaurado por la dictadura-: "habeas hábeas", pedidos

oficiales, imploraciones extraoficiales- hasta llegar, finalmente, a

la denuncia ante la CONADEP con la restauración de la democracia, en

1984 (año en el que Zorreguieta, según dice, "recién" tomo

conocimiento de las desapariciones), cuando el Estado reconoció su

culpa (mas allá de los sucesivos intentos por perdonarse a sí mismo:

de la autoamnistía del ultimo gobernante militar, Bignone, a los

indultos del presidente Menem).

  La esperanza de que se hiciera Justicia entró entonces en un cono de

sombra, y su familia, después de tantos años de lucha sin respuesta

(que llevaron a su padre a la muerte, de pura tristeza) se resignó a

no obtener resultados. Sin embargo, el fin de los corruptos años 90 y

cierta voluntad de devolverle al Poder Judicial su rol primordial como

institución de la República, han alentado en sus hijos una última

esperanza. Es por eso que, casi treinta años después, y reconocida ya

la culpa del Estado en forma genérica (sin que se haya hecho, por eso,

una investigación general sobre la represión), la única vía que nos

queda es realizar una demanda penal, para que se indague lo que nunca

nadie investigó: las responsabilidades individuales.

  III.

  El caso Marta Sierra ya había sido objeto de información

periodística cuando Máxima se comprometió con el heredero de la corona

(Página12,  31 de marzo de 2001). Pero Zorreguieta seguía, al parecer,

poco informado. Solo al ser consultado por una radio tras la

presentación judicial hizo declaraciones al respecto: "Esta pobre

señora, que lamentablemente desapareció, no tiene nada que ver

conmigo". Esa "pobre" señora, Sr. Zorreguieta, no era digna de lástima

hasta ser "desaparecida" por el mismo gobierno que usted integró: era

una mujer íntegra, que trabajó en el INTA hasta que fue cesanteada...

un día después de su "desaparición". Fue ese un hecho "lamentable",

si, pero no accidental ni casual: Alguien determinó que fuera

secuestrada por un "grupo de tareas", que se la llevó sin siquiera

dejarla vestirse, después de irrumpir en el cuarto en el que dormía

con su hijo recién nacido. Es imprescindible –no solo para sus hijos,

sino para cualquier persona de bien- saber no solo quienes

 ejecutaron esa orden, sino también quien la dio, y cuales fueron las

razones "de seguridad" invocadas para despedirla –cinicamente- un dia

después de su secuestro (a través de una "ley" que era un manto

pseudo-legal para encubrir la represión indiscriminada). ¿Qué motivos

podía haber para que un grupo armado con armas largas raptara a una

mujer indefensa mientras dormía? ¿Acaso las tareas de alfabetización

que realizaba en su lugar de trabajo -enseñando a leer y escribir a

adultos analfabetos- eran "subversivas"?

  En cuanto a que ella no tenía "nada que ver" con Zorreguieta, eso es

mas que claro: Solo los unía su trabajo en el Estado –él como

Secretario de Estado de una dictadura, ella como una trabajadora

preocupada por la pobreza que veía a su alrededor- y el desempeño de

Marta Sierra "cesó" cuando fue secuestrada por el "gobierno" del que

Zorreguieta pasó a formar parte (ya que ella no podía diferenciar su

labor "técnica" de su compromiso social). Pero según las declaraciones

de Zorreguieta, "tampoco el INTA estaba en ese momento bajo la

jurisdicción de la Secretaría de Agricultura". Esperemos que pueda

entonces informar al juez bajo que jurisdicción estaban el INTA, la

Secretaria de Agricultura, y la misma Junta de Comandantes que decía

"gobernar" la nación, ya que nadie ha asumido su responsabilidad en el

diseño del plan represivo (que no fue improvisado en los primeros días

del golpe, sino que se gestó previamente, como base "política" que

garantizara la ejecución del plan "económico"

 cuyas funestas consecuencias aun estamos padeciendo: en ese período

la deuda externa pasó de 8000 a 45.000 millones de dólares, sin que

tampoco haya "responsables" de ese descalabro). "Técnicamente"

hablando, se trata de crímenes de lesa humanidad. Pero ya sabemos que

cuanto mas grande es el crimen, mas fácil es eludir la culpa. Basta

con echársela a la víctima (como se hacía en aquel momento) o a "toda

la sociedad" (como se hizo después).

  IV.

  Dijo también Zorreguieta, al enterarse casi treinta años después del

secuestro de Marta Sierra: "Nadie me informó que le había pasado algo,

que había desaparecido". Pero si el INTA no estaba bajo su

jurisdicción, como él afirma, nadie tenía porque informarlo... De

todos modos, es notable lo poco informado que estaba, siendo

Secretario de Agricultura (teniendo esa secretaría un rango

ministerial). En sus declaraciones públicas a raíz de la investigación

llevada a cabo por el gobierno holandés, dijo que "solo en 1984 se

tomo conocimiento de lo que había ocurrido", aun cuando en Argentina

el tema era de conocimiento publico por lo menos desde 1978 –año de

las visita de la comisión de derechos humanos de la OEA-, y en el

exterior –que él visitaba asiduamente por su labor oficial- ya desde

los meses posteriores al golpe de estado...

  En 1984 lo único que cambió fue el discurso dominante: los que antes

decían "por algo habrá sido" luego dijeron "yo no sabía nada". Pero la

intención era la misma: no asumir responsabilidad alguna por lo que

había sucedido. Lo que puede incluso sonar al menos como excusa

verosímil en el caso de ciudadanos comunes, pero que es muy difícil de

creer en el caso de quienes ocupaban cargos prominentes. ¿O alguien

puede pretender que podía llevarse a cabo un plan sistemático de

desaparición de personas, como fue probado en juicio, sin –por lo

menos- el acompañamiento del establishment económico y político?

  Aunque en la división del trabajo el ejercicio de la represión

correspondía a los militares, el plan represivo era –como mínimo- un

"secreto a voces" (ya que su realización demandaba esfuerzos en todas

las áreas del Estado: sin ir mas lejos, los datos de los que iban a

ser detenidos salían muchas veces de sus legajos públicos...). Los que

"no participaban", sabían. Los que "no sabían", suponían. Y todos,

consciente o inconscientemente, cubrían con un manto de silencio -o de

vacías palabras, repitiendo como una invocación las consignas de la

dictadura-, todo aquello que no fuera la impostura del funcionamiento

"normal" del Orden "republicano". Porque de algún modo sabían,

también, que esas palabras iban a derrumbarse bajo el peso de sus

actos, que ese silencio no se sostendría para siempre (al menos del

lado de las víctimas...).

  Y aunque siempre se cuidaron –se cuidan- de hablar públicamente

sobre el tema, fue el mismísimo Videla –jefe militar al fin- quien

lanzó (en nombre del Estado, frente a periodistas extranjeros que lo

importunaban) esa frase que le ha reservado un lugar en la "Historia

Universal de la Infamia": "Un desaparecido no está muerto ni vivo: no

tiene entidad, no existe". Era la confesión directa del plan: la

ilusión de que la desaparición borraría el crimen. Ya que también

pretendían borrar su historia, su recuerdo (para que nadie los

molestara en su nombre).  Como si bastara con un simple gesto

burocrático -que los dejara "cesantes", "ausentes para siempre"- para

determinar su desaparición absoluta, metafísica. Con un solo gesto que

representaba el sueño del poder absoluto: hacer una cruz en un nombre

y después olvidarlo, como uno mas entre tantos (sin que ningún grito

final, ninguna última mirada, vinieran a turbar la paz de las

conciencias).

  Es claro que los civiles no participaron directamente de la

represión: solo la usufructuaron, una vez que las Fuerzas Armadas

tomaron el poder. Ya que para esto fueron llamadas: para que se

encargaran del trabajo sucio (que debía ser hecho, por supuesto, en

las sombras), utilizando todo el poder del Estado (lo que garantizaba,

con la efectividad "profesional" de las tres Armas, dejar atrás las

desprolijidades de la AAA): y así actuar sin salpicar con sangre las

actividades "oficiales", el desarrollo "normal" de las otras

actividades del Estado.

  El secuestro, la tortura y el asesinato pasaron así a estar "fuera

del área" de los funcionarios civiles, que siempre han usado un

lenguaje burocrático que licua sus responsabilidades: el prototipo

histórico es una vez mas el régimen nazi, que también hablaba de

"solución final" para no llamar por su nombre al liso y llano

exterminio. Uno de sus mas altos funcionarios, Adolf Eichmann –que

supo vivir tranquilamente en Argentina-, se defendió en juicio

definiéndose como "un simple técnico". (Hannah Arendt describe con

lucidez esa "banalidad del mal", explicando por que comunes magias

puede un hombre dormir con la conciencia tranquila aun habiendo

pertenecido a un gobierno que desapareció en la "noche y niebla" a

miles de personas.)

  V.

  Para entender la enormidad del crimen, hay que entender los motivos:

Hace treinta años, el 50% de los argentinos participaba de la creación

de la riqueza, y había menos de un 15% de pobres. Hoy tenemos un 50%

de pobres que solo participan del 15% de la riqueza. Este pais

desigual es fruto de aquella dictadura militar, y así como el modelo

económico establecido entonces aun sigue vigente, también hay una

continuidad en su política de exclusión (incluida la exclusión de la

memoria de la dictadura y el castigo a sus responsables): la Argentina

vive aun bajo el influjo del Plan establecido durante aquellos años

fundacionales, y así lo demuestra la vigencia de los conflictos

relacionados con los juicios a las violaciones a los derechos humanos.

  Los parientes de las victimas siguen reclamando Justicia, mientras

que la mayoría de los responsables sigue en libertad (o ni siquiera

son importunados por esto –como en el caso de los colaboracionistas-,

siendo, por el contrario, premiados con lugares de privilegio).

Mientras esto siga siendo así, seguiran elevando la voz para pedir

Justicia. Y aunque la voz de los hijos de una "pobre" trabajadora sea

poco al lado del padre de una princesa, como cada vez que besa a sus

nietos nos recuerda que Marta Sierra nunca podrá besar a los suyos,

eso nos da fuerzas para seguir luchando, no solo por ella, sino por

todos aquellos que fueron "desaparecidos" de un modo atroz solo por

luchar contra los privilegios que unos pocos aun siguen usufructuando.